La crónica de este día respeta íntegramente la única vez que escribimos en el diario de papel y en el que hay párrafos escritos por los dos:
Hoy hemos llegado a Tokyo. Bueno, o a Tokio, porque depende de dónde lo veas se escribe con Y o con I. El vuelo ha sido bastante bueno, aunque Tere dice que no lo fue tanto. Ibamos en una fila de tres y deseábamos que no nos tocase nadie gordo al lado … Tuvimos suerte, ya que creo que nos tocó la chica más delgada el vuelo al lado. Luego descubrimos porqué, ya que prácticamente no comió nada de lo que le pusieron a lo largo del vuelo. (Y tampoco hizo pis en 14 horas).
Gracias a nuestro contacto Alicia, pudimos conocer a los pilotos y ver la cabina por dentro, lo cual fue una experiencia muy chula en la que nos contaron de primera mano los entresijos de un vuelo tan largo.
Sobre las 10:00 am llegamos al Aeropueto de Narita. Todo muy bien organizado. No tuvimos ningún problema en el control de pasaportes y pudimos cambiar los euros a yenes y mandar las maletas a Kioto (O Kyoto) sin mayor inconveniente. Luego pillamos el Narita Exprés y en menos de una hora ya estábamos en la Estación de Tokyo. De hecho, duró tan poco que pensábamos que nos habíamos equivocado de parada. (Bueno, lo pensé yo porque Tere lo tenía claro, sobre todo cuando una chica nos lo confirmó).
La estación de Tokyo es mucho más caótica que el Aeropuerto y nos costó encontrar la salida, pero una vez que lo hicimos llegamos en 10 minutos al hotel, que curiosamente tenía la recepción en la planta 15.
Como no nos podían dar la habitación hasta las 14:00, dejamos la maleta y nos fuimos a comer a un sitio que ya teníamos acechado, el Gyukatsu Motomura, dónde comimos muy bien su especialidad, el Gyukatsu, una carne de wagyu muy muy rica … Y todo a un precio inimaginable, 5000 yenes los dos (Unos 25 euros al cambio).

Con el estómago lleno y el corazón contento nos vinimos de nuevo al hotel y nos dieron la habitación, la cuál nos sorprendió en todos sus aspectos:
Escrito por Tere: «Muchísimos amenities (Cepillo para el pelo, una banda para sujetarlo, zapatillas, batines, café y té … , pero cre o que lo que más le gustó a Víctor fue el kimono, que tardó nada y menos en probárselo …. :)). La habitación tenía incluso un tatami para ver la tele, pero creo que lo que más nos impresionó a los dos fue sin duda alguna la joya de la corona: el baño (Esta parte la dejo que la desarrollé él en la siguiente página …. )
Se trata de un water que parece una nave espacial.. La tapa se levanta con un botón, el reposanalgas tiene calefacción y, además, disponde de una serie de chorros con diversidad de intensidades y destinos … Daban ganas de no salir de allí.

Tras una siesta de cinco horas para recuperar el sueño perdido, salimos a cenar a otro acierto de sitio, el Yakitori Torikizoku, dónde degustamos los yakitoris, que son unas brochetas de pollo muy ricas acompañadas de un vino afrutado, el Toriki, que regó la velada con su sabroso aroma. El sitio en sí nos hizo sumergirnos en la cultura japonesa con sus costumbres y decoración, lo cuál nos encantó a los dos. De camino al hotel hicimos una visita al 7 Eleven y nos vinimos a la habitación .. ¿Pasará algo antes de dormir?….


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